miércoles, 31 de octubre de 2007

I WANT TO BELIEVE (II)

"No es que no vuelva porque me he olvidado, es que perdí el camino de regreso"
Serrat

¿Cómo era que se hacía para creer?

Hace unos cuantos años me gané una beca de la OEA. No me lo esperaba, Buenos Aires era quien más concursantes tenía, pero salí. Estaba brillante y feliz. Llené mi maleta de faldas mínimas, me corté el cabello y llegué a Quito con cara parecida -salvando las distancias- a Naomi Watts en Mulholland Drive cuando llega a L. A. para ser actriz de Hollywood. Tal vez por ese brillo de estrellitaesapobrecampesina catapultada al mundo, o porque las faldas eran demasiado cortas, o porque los tacones eran demasiado altos, o porque la alegría me había moldeado el cuerpo, me destaqué lo suficiente como para que me invitaran en años siguientes. Incluso un negro que ni Denzel ni Krawitz, divino, me dijo:
-Change to my hotel
Y yo le dije:
-Cambiate vos.
La cosa es que con la beca venía dinero y el dinero alcanzaba para cumplir un sueño acariciado. Cruzar a Colombia. Terminó el curso, empaqué los trajecitos, y un amante (no el negro, que no se cambió, otro) me llevó a la madrugada a la estación de autobuses. La ruta era así, desde Quito hasta la frontera con Colombia, de ahí cruzar, de ahí hasta el primer pueblo colombiano, de ahí a Cali, después Medellín y allí a Cartagena, a la Fundación para el Nuevo Periodismo. En el camino recuerdo la frase del chofer:
-Termina la zona de derrumbes, comienza la zona de atracos.
Tambien vi por primera vez que el pescado se freía entero, con todo y cabeza. Los comensales de un parador en la zona cafetera oyeron mi grito frente al plato y una nena me tranquilizó:
-Cómase la cabeza, que es rica.
La cordillera andina al amanecer se te graba en los poros, menos bello era el bus, un "pesero" en México, un "urbano", en Argentina, que se derrumbaba, con gallinas y cumbia, a 180 por hora.
La frontera no fue problema, crucé haciendo rodar mi maleta y nadie me molestó ni me revisó ni nada. Años después no le pude hacer creer a una colega que crucé una de las fronteras más peligrosas cargando trajecitos de conductora periodistica sexy y mis sueños de trabajar en ese país.
Cuando llegué a Cali llamé al periódico principal y le dije al jefe de redacción que quería saber que onda con trabajar por ahi, con la situación política, la prensa, etc. Me lo explicó amablemente.
No me quedé, vi Cartagena, peces de colores, callejones y maravilla.
Volví a Argentina para al poco tiempo venir a México (había aprendido que uno puede irse, reinventarse y existen otras "reglas")

Historia parecida. Llegué al Zócalo a las 6 de la mañana, con 300 dolares, ningún pasaje de regreso y las mismas faldas y decisión. Quiero escribir. Ningún contacto ni conocido. Lo más ridículo, peligroso y atemorizante que hice en mi vida, fue lo que me llevó más lejos, lo que me permitió pensar "para adelante". En el medio sucedieron muchas cosas.
Pero, a lo que voy es. No tuve miedo. Nunca, por exótico que parezca, pensé en la posibilidad de que lo que deseaba no sucediera, de que algo saliera "mal". Simplemente, no se me ocurrió. No se porqué, no se cual era el trance, o si yo era ignorante, o era sabia. O si no tenía "nada que perder".
Hace unos meses fui de nuevo a Cartagena representando a una revista, y no me atreví a caminar sola por aquellas mismas calles oscuras. Y me extrañé, a aquella que era, esa road chica brillante y entera.

Ahora, que estoy en casa rodeada de libros que indican "cree y lo lograrás" , vuelvo a extrañarme. ¿Cómo era que se hacía para lanzarse de cabeza, para sentir en eje ese sí o sí, esa fe que te calienta la cara, que es como una vitamina, un mapa del tesoro, el tesoro en sí mismo?

2 comentarios:

Matrix dijo...

Mi querida contradictoria:
Me encanta tu blog. Y, sobre todas las cosas, celebro que revientes las dudas y aniquiles los miedos, ya sea en Buenos Aires, en Cartagena o en México.

victoria dijo...

me encanto tu blog
lo estuve hojeando de adelante para atras
y llegue aca, y recuerdo haber vivido algo parecido
cuando el año pasado me anote en una beca que gane y me fui a italia a estudiar italiano, idioma del cual no sabia nada, y fue la experiencia mas maravillosa en mis 22 años, inolvidable...quizas el proximo año vuelva a hacerlo, alguna vez me dijeron "no vuelvas al lugar en donde fuiste feliz"...muero de ganas de volver pero tengo miedo d arruinar los recuerdos... aunque creo que, a veces, el deseo puede contra cualquier miedo...
saludos principessa