martes, 26 de enero de 2010

Cómo crear riqueza

¿eh?

domingo, 10 de enero de 2010

CON USTEDES....

Ema Gatson Smooth...



Y Ema Gatson Smooth, fuera de foco,"difuminada"



viernes, 8 de enero de 2010

LOST

Cuando yo tenía alrededor de 9 años, mi mamá concurría a unas reuniones a las que llamaba “El grupo” y durante un tiempo yo también fui. No me preguntaron si quería ir, más bien dieron a entender que yo “era inteligente” y “estaba preparada”, y a mi me gustaba como sonaba eso, así que fui. Eran unas personas que se juntaban para escuchar a un tipo que tendría unos 40, se hacía llamar teacher y siempre iba acompañado de un vaso largo de ginebra Bols, con hielos y un limón. Se sentaban todos en una alfombra azul de muy buena calidad y leían libros del “cuarto camino” y otras “cosas espirituales”. El tipo te miraba y daba un nombre. Por ejemplo:
-Susanita.
Y ahí Susanita debía decir algo importante sobre la vida o alguna reflexión sobre su estado o alguna pregunta. Por la presión que se vivía en el ambiente, creo que no te podías quedar callado, por lo menos no recuerdo que nadie dijera “Paso”.
Por las dudas yo me iba con algo pensado inventado –“anoche soñé con mi tío y una cortina”- para que no me agarrara desprevenida. Nunca se dieron cuenta de que lo inventaba, creo.
Los lunes había una cosa que se llamaba “Tareítas” y consistía en que todos los discípulos iba a la casa del teacher y aspiraban la alfombra, limpiaban el baño, cortaban el pasto, etcétera. Se entraba sin zapatos. Me acuerdo muy bien de la sensación de algo huele a podrido en Dinamarca, y me cuesta entender como es que eso no le pasaba a ningún adulto.
El teacher tenía dos esposas. Una rubia y una morocha y con cada una tenía un hijo. Vivían los tres en una casa a la que llamaban “El castillito” (donde hacíamos las “tareítas”, ¿qué lindos los diminutivos, ¿no?). Me pregunto con plata de quien la habrán comprado. Una vez el teacher me obligó a darle un beso. Los años borraron el asco y el gusto a Bols pero no la indignación. Lo denunciaría, pero está muerto.
Pasaban más cosas.
Se organizaban fiestas de disfraces, concursos de panes -el mío perdió, salió apelmazado-, talleres de costura –donde aprendí a hacer dobladillos- y de lectura. Los niños hijos de los del grupo no íbamos a la escuela. Nos daba clase una maestra y después rendíamos a fin de año. Así hice tercero y cuarto, y perdí quinto, porque nadie me dio clase -seguramente por algún “asunto interno”-.
El teacher tenía un arma. Le decía “la 38”. Una vez la sacó y disparó –creo que al aire, no vi -pero mi mamá me agarró y nos fuimos. Era de noche.
Los del grupo también fabricaban pastelitos - de membrillo y batata - alfajores de maicena y algunas tartas. Había un galpón donde se guardaba todo el almíbar.
El teacher tenía toda la colección de Asterix y Tintines, y te los dejaba ver.
Un día no fuimos más.
En fin.
El otro día, cuando una amiga me dijo “El budismo está bueno, lástima los budistas”, me acordé de esta historia. Se me hace imposible entender como alguna gente puede padecer tan extrema desorientación –algunos errantes sí están perdidos-, desconfiar tanto de sí misma, como puede elegir que abusen de ella. Sin duda hay maestros técnicos, de geografía, de yoga o de química, y sin duda hay gente de la que uno aprende cosas del movimiento invisible del universo. Pero si alguien se hace llamar "maestro espiritual", o "gurú", si se sienta delante de todos en un almohadoncito y te dice lo que tenés que hacer, desconfio, desconfio.
Como esta Ramtha, que está de moda ahora ( aparece en la película ¿Y tu que “·$% sabes?: es una señora parecida a Lilita Carrió que, según asegura, reencarna un caballero medieval que le dicta las enseñanzas. Suele dar dos conferencias en sus giras mundiales: como ella misma –se llama J.Z- y como el caballero mencionado: más o menos 100 dólares por cada uno, y si tomás las dos te hacen un descuento. Yo lo que digo es que ya que está reencarnando, hubiera reencarnado en Daniel Craig). O Isha, que ya tiene dos centros espirituales, uno en la costa mexicana y otro en la uruguaya. (¿Y qué querés, que te lo abra en Hurlingam?)
Es gracioso, esta gente siempre se llama "Ramtha" o "Isha" o "Rabitanandra", nunca "Marta Gomez" o "Roberto García"...
Un libro fantástico que desnuda estos temas es Dios mío, de Martín Caparrós –un viaje a la India en busca de Sai Baba- (Soy Baba, diría Capusotto). Se te pone la piel de gallina.
Una de las cosas que más bronca me da es el mal que le hacen todos estos ejemplares a la verdadera ansiedad de conexión espiritual, y cómo ponen en evidencia la estupidez humana de la que se alimentan. Como malas personas, también, aprovechan e interpretan a su conveniencia egoísta frases ambiguas que podrían querer decir cualquier cosa: Hay toda una generación de semi cincuentones que creen que cogerte y no llamarte más es el “Borrar el rastro personal” del que hablaba Castaneda. A propósito, también está muy bueno el libro El aprendizaje de una bruja, de una de sus ex mujeres. Es como la TV y novelas, pero de new ages en California. Muy divertido.
Por mi parte, no te voy a un grupo ni de tejido al crochet. Paraboleame ésta.

martes, 5 de enero de 2010

Eso sí:

No esperes ganarte el Santo Grial en una rifa. Ya sabemos que Arturo sacó la espada como quien saca el cuchillo para ver si estuvo el budín de pan. Pero eso, princesa, fue solo el comienzo.

domingo, 3 de enero de 2010

Esos segundos

en los que no hay nada que arreglar. El relámpago de silencio cuando todo está en su lugar, incluso vos. Y no te puede tocar ni el frío ni el caos, los esquivás.

Eso también existe.
Por ejemplo, ahora.




Empezamos bien :)